Desde las playas francesas de Calais se divisan con claridad las blancas costas de Dover, como una permanente tentación para el invasor procedente del Continente. Pero no siempre estuvo Inglaterra aislada por la estrecha y poco profunda lámina de agua del Canal de la Mancha. Hubo un tiempo, en que los animales y, tal vez, los primeros pobladores llegaron por tierra hasta la lejana Thulé, y se piensa que las aguas del Támesis se unían, en un solo cauce, con las del Rin antes de desembocar en el Mar del Norte.
Muy distinta hubiera sido la Historia de las Islas Británicas si la pendiente del suelo inglés hacia el Continente hubiese sido contraria, ofreciendo al invasor los abruptos acantilados y las colinas del Este en lugar de las suaves y accesibles playas del Oeste. Otra hubiera sido Inglaterra de no haber recibido las influencias latinas y teutónicas que han conformado el peculiar estilo de sus habitantes, tan diferente del francés o germánico.
Nuria Navas
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